La arqueología devela la vida de los primeros alfareros y agricultores de Chile central

Durante más de mil años, dos pueblos identificados como culturas Bato y Llolleo habitaron el territorio que va desde el valle del Aconcagua al Cachapoal, y, al parecer, sin entrar en conflicto.

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Aunque las primeras evidencias de cerámica y actividad agrícola en Chile central se remontan a un poco antes, es en el primer milenio de nuestra era que se produce un desarrollo generalizado de ambas prácticas y que cultivos como la quínoa, el maíz y el zapallo se incorporan a la dieta local.

Protagonizan esta etapa dos grupos que comparten el mismo modo de vida alfarero y/o agricultor. Se trata de los pueblos, o complejos culturales, Bato y Llolleo, del llamado período agroalfarero temprano. “Son nombres ficticios que corresponden al primer lugar donde aparecieron objetos representativos de ellos”, explica la arqueóloga de la U. de Chile Lorena Sanhueza, quien lleva trabajando en el tema desde su tesis de pregrado, en 1997. Ahora la investigadora acaba de publicar, como parte de su tesis de doctorado, el libro “Comunidades prehispánicas de Chile central, organización social e ideología (0-1200 d.C.)”, de la editorial Universitaria.

Ambos grupos presentan cerámica, patrones de asentamiento, dieta y entierros que los distinguen entre sí, aunque su presencia muchas veces se superpone en una misma área. Una posibilidad es que hayan coexistido, pero otra es que producto de la actividad agrícola y, especialmente el uso del arado, la evidencia cultural se haya revuelto. No es imposible si se considera que, normalmente, el material arqueológico se puede encontrar casi a ras de piso, ya que rara vez los entierros están a una profundidad mayor a los 60 centímetros, dice la especialista.

Más de mil años de convivencia podrían haber generado algún tipo de conflicto, pero no lo refleja la evidencia arqueológica. “No he visto nunca señales de violencia. En arqueología esto se distingue en los enterratorios por heridas recurrentes o lesiones de tipo traumático”, dice. Eso sí, cuenta que hace poco le mostraron una fotografía tomada en una excavación reciente de una punta de proyectil insertada en una vértebra, pero es por ahora un caso aislado.

“La densidad poblacional no era muy grande, por lo que si bien ocupaban los mismos recursos y espacios, no creo que existiese una competencia por ellos. Hemos encontrado muchos sitios arqueológicos en los alrededores de Santiago o en torno a la ciudad, pero no presentan una densidad de materiales que nos digan que vivía mucha gente”.

Caseríos aislados

Los lugares habitacionales no se conservan. Probablemente eran como las rucas mapuches y estaban hechas de ramas, lianas y paja, es decir, material orgánico que se degrada en el tiempo.

“Nosotros trabajamos a partir de la concentración de basura que quedó de esas casas”. Por los tamaños de las concentraciones de esta basura, sus lugares de residencia no habrían sido aldeas, sino más bien caseríos donde había desde viviendas únicas y aisladas, hasta otras que habrían sido habitadas por grupos familiares más grandes.

Los Llolleo, en particular, enterraban a sus muertos en grandes cementerios junto al lugar de residencia, lo que ha facilitado el hallazgo de su cerámica y restos arqueológicos. Es lo que ocurrió en Vitacura, sitio que fue excavado entre 1988 y 1990. Ahí se hallaron 37 enterratorios. Y está el pique Europa, de las obras de la Línea 3 del Metro, en la comuna de Providencia, donde se excavaron 30 individuos y más de 40 vasijas en 2013.

Según los análisis realizados, la gente de ese tiempo rara vez fallecía después de los 50 años. “Muchos morían entre los 20 y 30 años. Además existía una gran mortalidad infantil; hemos encontrado muchos restos de niños”, explica.

Toda la cerámica hallada tiene huellas de uso, lo que significa que era empleada en las actividades cotidianas, pero en el momento del ritual mortuorio se depositaba con las personas fallecidas. Como curiosidad, junto a los niños no se han encontrado juguetes, pero sí vasijas en miniatura que parece fueron hechas por o para ellos.

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Fuente: Diario El Mercurio, Lunes 01 de Agosto de 2016.

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